Entrevista con el abogado, defensor de los derechos humanos y ciberactivista Jesús Robles Maloof
El espionaje cometido en contra de periodistas y activistas recientemente revelado por The New York Times no es el primer caso en México, de hecho, es uno de tantos
Por Juventino Montelongo
El pasado lunes 19 de junio el periódico The New York Times dio a conocer que diferentes periodistas y activistas fueron espiados con un sofisticado programa que solo es ofrecido a gobiernos.
Entre ellos están los comunicadores Carmen Aristegui y Carlos Loret de Mola, además de los defensores de derechos humanos Mario Patrón y Stephanie Brewer, entre otras personas.
La publicación señala que dichas personas fueron vigiladas entre 2015 y 2016 mediante un virus llamado Pegasus, el cual enviaba mensajes de texto que contenían un enlace hacia un servidor de NSO Group.
La investigación señala que el gobierno mexicano compró el software Pegasus a NSO Group apenas llegó al poder Enrique Peña Nieto. Ese programa, en teoría, sólo debe ser usado para investigar a criminales y terroristas, sin embargo, la administración presidencial se “olvidó” de su objetivo principal.
Además del reciente caso denunciado por este diario estadounidense, existen decenas más que han sido señalados desde hace varios años por diferentes periodistas y activistas como Lydia Cacho o Jesús Robles Maloof.
Así, para Maloof el verdadero problema está en que quienes deben investigar este tipo de acciones ilegales es el mismo gobierno, por lo cual que no tiene muchas esperanzas de que eso suceda, dijo en entrevista.
¿Crees que sea necesario que intervenga un organismo independiente?
“Es necesario que intervenga un organismo que no sean ellos mismos. El problema es el diseño institucional tal y como está diseñado”, por lo que recordó el caso del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) quienes investigaron el caso de los 43 normalistas de Ayotzinapa, los cuales comenzaron a trabajar después de que el mismo gobierno los autorizara para ello.
Así, las posibilidades de que el control venga por parte de un organismo internacional son pocas.
¿Cuáles fueron las violaciones a los derechos humanos por el caso del espionaje?
“El problema es que las intervenciones a personas que están ejerciendo actividades protegidas por la Constitución –como los derechos humanos o la libertad de expresión o el derecho a la información– develan una característica macabra del sistema”.
“La intervención de las comunicaciones está pensada desde el espionaje. Entonces se trata de una actividad en contra de los enemigos, así es concebido el espionaje, y al realizarse contra quienes ejercen un derecho, lo que están diciendo, aunque ellos lo nieguen, es que son los enemigos. Y al ser los enemigos tenemos que preguntarnos, ¿qué tipo de gobierno tenemos? Un gobierno que considera enemigos a quienes defienden los derechos humanos”, comentó el integrante de Enjambre Digital, quienes se dedican al acompañamiento de procesos y movimientos sociales a favor de los derechos humanos.
“Lo que nos está demostrando este gobierno es que es un gobierno antidemocrático. Está funcionando contra las leyes democráticas, no quieren la democracia”.
El espionaje, cada vez más sofisticado
“Las posibilidades técnicas del espionaje han crecido conforme a nuestra interacción con los dispositivos. Las posibilidades de entrar a tu casa o a tu espacio de trabajo ahora son ilimitadas. Las posibilidades del espionaje, con el uso que ahora tenemos de la tecnología, han abierto un espacio que antes era prácticamente imposible”.
Maloof aseguró que las mismas oportunidades que nos han brindado las herramientas tecnológicas para el trabajo, la comunicación y la organización también permiten que el Estado entre en esos espacios.
“Si queremos detener estas actividades, donde el Estado es el origen del mal, tenemos que pedirle a Estados Unidos o a Israel que no venda nada al gobierno mexicano (como los software espías). Que imponga a sus empresas un bloqueo a México por el uso que hacen de esas tecnologías”.
“Lo segundo es que tenemos que hacer es impedir esta intervención en las comunicaciones se haga indiscriminadamente, tiene que haber un método de control”.
¿Cómo podemos lograr eso?
“Lo primero que tenemos que hacer es quitar a esta clase política, y esto va a ser un reto para el 2018. O al menos debemos lograr que existan fuerzas independientes o fuerzas que no han estado en el poder. Una nueva conformación plural, de otra manera no va a ser posible”.
Otra de las cosas que el defensor de los derechos humanos recomienda es que tenemos que aprender a cuidarnos: “no va a existir por parte del Estado un mecanismo de defensores, son espacios de simulación, tenemos que cuidarnos nosotros, tenemos que saber cómo funcionan las tecnologías”.
El activista también recomendó mejorar nuestra manera de elegir contraseñas, conocer cómo interactúan las diferentes aplicaciones de nuestros dispositivos. “En este momento es ya una obligación tomar medidas de cuidado”.
¿Cuáles serían los primeros pasos para la protección?
“Tratar de tener una actitud diferente, es lo más importante. Nosotros confiamos per se en nuestros dispositivos y confiamos ciegamente en nuestras aplicaciones. Así, tenemos que preguntarnos ¿cómo funciona mi dispositivo? ¿y cómo es que los ataques suceden? Lo que tenemos que hacer es empezar por nuestras contraseñas”.
Maloof asegura que nuestras contraseñas deben ser lo suficientemente complejas para que no cualquiera pueda entrar fácilmente. Dijo que si tenemos una llave para la oficina de nuestro trabajo, otra para la casa y otra de un cajón donde guardamos objetos valiosos, “no es comprensible tener una contraseña para todos los servicios que usamos”. Sin embargo, indicó que no existe nada 100 por ciento seguro.
“Creo que la vigilancia es el mayor reto que enfrenta la democracia actual”.
“Es tarea de todos los ciudadanos empezar a pensar que el problema no sólo está en el gobierno, sino también en las empresas que acumulan información sobre nosotros y que eventualmente pueden ser utilizadas para determinar nuestras vidas”.
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